
Promueve la activación de la resonancia armónica del propio biocampo, lo que mejora la capacidad de adaptación del organismo a sobrecargas energéticas exógenas, así como la regeneración por biorresonancia del campo bioplásmico, evitando así que las fugas, debilitamientos y congestiones de la red energética aumenten la susceptibilidad individual a las radiaciones patógenas